FAROL, es un acrónimo formado por las palabras: frases, aforismos, relatos y otras locurrencias.
El contenido,
en sus distintos formatos literarios:
Frases, aforismos, cuentos,
relatos verdaderos, canciones y poesías,
son cosquillas para la mente,
que invitan a reflexionar y a encontrar
una manera más divertida
de ver la vida,
iluminada por el farol de tu sonrisa.
Incluye al final un novedoso y disparatado "Guillenario" con ese fin.
Un fragmento del prólogo generosamente escrito por Sergio A. Zucal
describe mejor el contenido de la publicación:
Adentrándonos en su contenido observamos que la obra se divide en capítulos. Aforismos, relatos, cuentos, canciones y poesías. ¿Qué más se puede pedir por este precio? Una verdadera amalgama de arte que solo podía emanar de un artista tan variopinto y completo como lo es Guille Albin. La lectura, como dijimos, se inicia con una serie
de aforismos y frases de elevada reflexión. De allí destaco como ejemplo la
siguiente: “Vivimos en la dimensión de la
manifestación de nuestras creencias”. Una oración por demás profunda que en
su primera lectura no alcancé a percibir la real dimensión de su significado,
pero qué suena por demás armónica. A decir verdad, aún hoy no tengo idea de lo
que quiso manifestar el autor al redactarla. No obstante ello, conociendo las
dotes filosóficas de mi amigo, colijo que su contenido debe ser importante y
por ello su inclusión en este preámbulo. La lectura se presenta fluida e interesante. Los
pensamientos se suceden en un tono afinado, acorde y prolijo, provocando en los
lectores sonrisas cómplices que nos dirigen hacia una reflexión más profunda. Y
así como la ductilidad gramatical del autor se ve reflejada en frases como “Tuve miedo en un pasado indefinido pero
hubiera sido peor en uno pluscuamperfecto”, la salud mental del susodicho
se ve cuestionada cuando leemos “La
vanidad, el amor propio y el narcisismo es algo que he podido dejar atrás ahora
que soy perfecto”. Es tan grande y tan noble su creatividad, que se
permite reflexionar en cuestiones metafísicas y de allí, luego de efectuadas
introvertidas meditaciones, surgen recomendaciones o advertencias, tanto en la
esfera de lo inmaterial “Somos espíritus teniendo una experiencia
material tan perfectamente planeada que nos parece todo lo contrario”, como
en el ámbito financiero “Todo es cuestión
de percepción dicen los ingresos brutos” Traspasada que fuera esta primera etapa de alto
contenido filosófico, al comenzar el siguiente capítulo, nos adentramos en un
nuevo y fascinante mundo, el de la narrativa. Y es aquí donde propongo hacer
una pequeña parada en esta aventura a los efectos de efectuar una primera
reflexión: No es sencillo transitar tan graciosamente el arte de la narración a
la vez de mostrarse competente también a la hora de crear aforismos o poesía. Son
disímiles habilidades que el autor domina a la perfección y que nos llena de
orgullo y sana envidia, a quienes tenemos la suerte de integrar su selecto
grupo de amistades. Y es así como el mencionado artista nos regala con
historias que nos permiten conocer su infancia, allá en un lejano conurbano
bonaerense, pasando por su juventud y adultez, hasta arribar a su plácida,
confortable y descabellada actualidad. Etapas que ha transitado en bonanza, de
donde extrae diversas anécdotas que sabe desarrollar con pluma maestra. Resulta
tan ameno y artesano en su descripción, que al cerrar los ojos uno puede
distinguir claramente la delgada figura del profesor Len, el viejo adoquinado
de las calles por donde transitaba el antiguo colectivo, la inocente timidez de
un adolescente que debe exhibir sus partes nobles a una profesional del sexo
opuesto o cuando la suerte le hizo
compartir un trago y buena música con el mismísimo Robert De Niro. Eso sí, por una cuestión práctica y de optimización
en la transmisión de conocimientos a través de la lectura, recomendamos cerrar
los ojos una vez efectuada la misma, por cuanto de hacerlo en forma previa no
se garantiza que lo redactado pueda llegar hasta el cerebro del lector. Continuando con este hermoso recorrido llegamos a
un nuevo capítulo, el cual se conforma de cuentos o, mejor dicho, de relatos
breves, los que se nos presentan a simple vista con una apariencia de sencillas
historias pero que, como si se tratara de una vieja navaja de doble filo,
esconden un trasfondo mucho más curtido y desarrollado. Allí el autor libera a su pensamiento filosófico
contemporáneo y le permite volar hacia latitudes desconocidas, reflexionando
sobre temas ambiciosos como el ser, la existencia humana, los conflictos que
dividen a las personas y sus causas. De su lectura no podemos ignorar reminiscencias
directas a otros pensadores, que nos permiten distinguir, indefectiblemente,
elegantes referencias al existencialismo agnóstico de un Albert Camus, al costumbrismo pictórico de un Horacio Quiroga y al toque mágico y sutil de un Marcelo Trobbiani. Nos menciona Guillermo, como al pasar, que estos
textos fueron extraídos de su trilogía de la Unificación (La Semilla 1, 2 y 3,
ediciones del propio autor). Ahora bien, al ser tan breves los extractos, nos
inocula a los lectores una comezón irresistible de continuar leyendo, para lo
cual, no quedará más remedio que salir corriendo hacia la librería para
adquirir la mencionada obra, la cual ya he tenido la suerte de haber leído y
recomiendo profundamente. Para quienes disfrutamos de la música de Guille
Albin el siguiente capítulo es un regalo invaluable. En el mismo se transcriben
las letras de algunas de sus producciones musicales más conocidas. Si bien en
mi caso particular este capítulo resulta ser superfluo, puesto que conozco de
memoria dichas creaciones, el resto de los mortales podrá sacar suficiente
provecho de tamaño obsequio. Y como colofón o broche de oro, al culminar con el
espacio poético de la obra, nos adentramos en el desquiciado mundo del Guillenario, un revisionismo ortográfico
(con perdón de la palabra) del idioma castellano, que nos demuestra que las
cosas no siempre son como las pensamos y que para una misma definición pueden
existir varias explicaciones. Es el momento en el cual el autor nos desasna en el
verdadero significado de palabras que usamos cotidianamente, pero de cuyo real
alcance, como podremos observar, sabemos muy poco. Me asombra sobremanera el
tenor que representa el vocablo “Compañeros”,
así como el de “Aserrín” y “Bachata”, del cual yo habría jurado que
provenía de un ritmo caribeño. Por otro lado, cuán errado estaba al utilizar el
término “Diadema” o, por ejemplo “Esponja”, con el que tranquilamente
podríamos adjetivar al dueño de una tintorería, pero no así al que nos atiende
en el minimercado. Y como todo en la vida, casi sin darnos cuenta,
hemos llegado al final. Y si bien en algunas oportunidades acabar nos produce
satisfacción, en este caso, como ocurre con una rica milanesa o una hermosa
canción, llegar al final nos presenta un efecto ambivalente o paradoxal, si se
quiere. Puesto que, por un lado nos sentimos ufanos y complacidos (sobre todo
si la milanesa fue acompañada con papas fritas y huevo frito) pero, por el
otro, nos damos cuenta de que la dicha ha terminado y que, vaya a saber
uno, cuándo podremos hacernos nuevamente
de un texto que esté a la altura del presente. Solo resta en principio felicitar al autor, a mi
amigo Guillermo Albin, por brindarnos la
posibilidad de disfrutar de esta excelente obra, que se encuentra a la altura
de su ya extensa, exquisita y variada producción. Y a usted, querido lector, no
demorarlo más e invitarlo a que se adentre en este maravilloso, extraño y
divertido mundo, iluminado magistralmente con este Farol.
Sergio A. Zucal
(Escritor rionegrino autor de "El club de los crononautas" y "La cruz y las sombras")